Photoblog del entorno mediterráneo

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Amanaderos

Ahí la tienes:

ruge como leona blanca,

brilla como la flor de fósforo,

sueña con cada uno de tus sueños,

canta en mi canto

dándome pasajera platería.

Pablo Neruda. Oda a la cascada.

En un humilde y remoto rincón de la provincia de Teruel, junto al Macizo de Javalambre, nos encontraremos con una auténtica joya de las que engrandecen el fabuloso tesoro que tan generosamente nos ofrece la naturaleza. Se trata del orgulloso y espectacular Barranco de Amanaderos, el cual aporta sus frescas y cristalinas aguas al Río Eva, quien a su vez las vierte en el Guadalaviar que finalmente y tras metamorfosearse en el Turia, alimentará el Mediterráneo.

El barranco nace a unos mil quinientos metros de altitud, en el paraje de Matahombres y se caracteriza por precipitarse en un abrupto y quebrado descenso que genera 13 saltos a través de los cuales sus aguas se despeñan durante quinientos metros en tan sólo el kilómetro y medio de recorrido que describe hasta su desembocadura.

Desde la fuente de Matahombres hasta la primera cascada, las aguas realizan un recorrido subterráneo, aflorando (”amanando”, de ahí el topónimo) súbitamente en el fantástico Salto de las Yeguas, de veintidós metros de caída, para ir generando más y más abajo la Cascada del Rincón de las Ninfas (24 metros de caída), la Caída de San Lorenzo (48 m), y los Saltos de los Carlistas (3 m), entre otros. Aquí os muestro la de las Ninfas.

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Todo el descenso se puede recorrer accediendo por seis kilómetros de pista forestal desde Riodeva hasta el Salto de las Yegüas, en cuyas proximidades existe una zona de aparcamiento y un panel de interpretación del paraje. También se puede recorrer mediante una ruta circular con inicio y final en Riodeva.

Con frecuencia, las circunstancias del viaje priman sobre la calidad de luz que más me gustaría para realizar una fotografía. Sin embargo, no puedo dejar de agradecer lo que la naturaleza me ofrece en cada momento. Recuerdo perfectamente la sensación de estar a pleno sol, sintiendo cómo su calor se acumulaba en el interior de mi forro polar y simultáneamente estaba siendo acariciado por las oleadas de humedad y frescor que emanaban desde la sombría oquedad del fabuloso Salto de las Yeguas. Todo un contraste térmico que en cierto modo plasma la imagen, realizada con plena polarización para eliminar reflejos, dar viveza a los colores y prolongar la exposición hasta conseguir el efecto sedoso en la caída del agua y su golpeo contra la poza.

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