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La Playa de la Huelga en Villahormes: el Castro de las Gaviotas

Como decía al principio de una entrada anterior, donde hablaba de la Playa de Buelna, de todos es sabido que los hitos que constituyen ciertas formaciones rocosas singulares, generadas por la acción erosiva de las olas en la proximidad de la costa marina, constituyen sin duda un atractivo paisajístico y fotográfico de primera magnitud. La costa asturiana es generosa en ellos y especialmente algunas de las playas ubicadas en Llanes y sus inmediaciones. En mi anterior visita a Asturias tuve ocasión de fotografiar las colosales formaciones rocosas de la Playa de Cuevas del Mar, pero me quedé con las ganas de hacer lo mismo con el Castro de las Gaviotas, en la Playa de la Huelga junto a la localidad de Villahormes, hito este último cuyo mirador confieso que fui incapaz de encontrar en aquella ocasión.

En mi reciente visita y con ganas renovadas, volví a intentarlo y aunque en una primera tentativa tan sólo logré alcanzar de nuevo la ubicación incorrecta de la visita anterior, situada demasiado al oeste para admirar el Castro en todo su esplendor, finalmente y tras insistir probando algunos caminos, logré acceder al lugar donde el Castro despliega toda su magnificencia. Para llegar hasta él, conviene dejar el coche en Villahormes, antes de llegar al camino que lleva a la Playa de la Huelga (recomiendo dejarlo bajo la autovía). En corto y agradable paseo, tomaremos la pista agrícola que lleva hacia la playa, dejando primero a la izquierda el Palacio de la Espriella para más adelante pasar junto a la ermita de Santa Eulalia y los verdes pastos que la rodean. Un poco más adelante, justo después de una pequeña explanada, el camino se bifurca. Si seguís a la izquierda, hacia el oeste, llegaréis a la recoleta y angosta Playa de la Huelga, que coincide con la desembocadura del río San Cecilio. Pero si en la bifurcación seguís el camino de la derecha, en dirección al mar, en unos doscientos metros alcanzaréis la Punta de Huelga, donde se alza el acantilado desde donde se nos revela majestuoso el Castro de las Gaviotas: os puedo asegurar que el síndrome de Stendhal os afectará con toda su crudeza ante la vista de este coloso de roca, auténtico arco del triunfo de la fuerza de las olas sobre la terquedad de la piedra.

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Os acompaño una instantánea de la vista general para que la comparéis con varias fotografías más trabajadas y cuya realización explico al final para los interesados en los detalles. Ante tanta riqueza visual, las posibilidades de composición se multiplican por lo que fui incapaz de conformarme con un único encuadre. Incluso no me he resistido a una versión en blanco y negro. Cada uno que elija la que más le guste.

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Para fotógrafos: esperé a realizar la fotografía durante una mañana ligeramente nubosa (nada difícil en tierras asturianas), que me proporcionase suficiente luz difusa, con la intención de que la diferencia de iluminación entre el Castro y el cielo no superase el rango dinámico de la cámara. Además elegí una hora con la marea relativamente baja para que fuesen visibles los “sillares” que mantienen erguido al Castro. La Punta de Huelga es muy escarpada (precaución) y no permite muchas variaciones del punto de vista. No obstante se afinó este último para conseguir aislar el Castro, de modo que no quedase superpuesto a la línea de costa.  Se empleó un filtro polarizador para saturar los colores y un filtro de densidad neutra de diez pasos para conseguir el efecto seda en el oleaje. Se utilizó obviamente trípode y cable disparador, dado el tiempo de exposición requerido (ver el exif en la imagen). Una experiencia realmente singular (“stendhalica”), de deleite sobrecogedor ante un fenómeno natural que nos deja como premio estas majestuosas estampas.


El nacimiento del río Cabra

A tan sólo veinte kilómetros al sur de la costera y asturiana ciudad de Llanes, entre la Sierra del Cuera y la Sierra Plana de la Borbolla , podemos encontrar el Valle Oscuru (Valle de Carranzo) y la bien acondicionada y señalizada “Ruta de los colores del Valle Oscuru”, que podemos realizar bien a pie o, si estamos muy en forma, en bicicleta de montaña. Es una hermosa ruta circular de unos trece kilómetros de recorrido con inicio y final en la población de Tresgrandas, que discurre atravesando las localidades de Santa Eulalia, Pie de la Sierra, Cereceu, La Borbolla y Boquerizu. El recorrido nos lleva a través de bellos y variopintos parajes: pueblos con encanto, frondosos bosques y altos con preciosas vistas harán las delicias del viajero. Pero cabe destacar, como auténtico tesoro de la ruta, el nacimiento del río Cabra, que encontraremos nada más pasar La Borbolla en un ramal bien señalizado que desciende a mano derecha del camino principal y que se interna en un tupido bosque cada vez más umbrío y húmedo hasta alcanzar la auténtica surgencia del río en la misma pared de la montaña.

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Es uno de esos mágicos lugares donde el caminante se siente embelesado, casi diría que hechizado por el frescor, el verdor y el hipnótico arrullo del agua del manantial, que adormecen la consciencia y hacen que una hora pase en un parpadeo. Una visita imprescindible.

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Para fotógrafos: El punto de vista se ajustó en una posición lo más baja posible y cercana al flujo del agua, de modo que la sensación de corriente fuese máxima.  Las imágenes están realizadas empleando trípode y cable disparador, dados los tiempos de exposición requeridos (ver el exif de cada imagen). Se empleó un filtro polarizador para saturar los colores y eliminar reflejos en el agua. Hay que tener mucho cuidado con las rocas cubiertas de algas verdes pues son extraordinariamente resbaladizas. Una experiencia única, de disfrute pausado de un paraje natural que nos deja como premio estas deliciosas estampas.


La senda fluvial de río Carroceu a su paso por Llanes

Un año más he disfrutado de unos días de descanso en este incomparable paraíso natural que es Asturias. Y claro, no he desaprovechado la oportunidad para intentar capturar algo de la belleza que inunda tantos de los rincones donde el viajero posa su mirada. Para muestra un botón: casi sin querer, descubrí este pequeño tesoro que constituye la senda fluvial del río Carroceu. Como muchas de las cosas que son realmente valiosas, se nos ofrece de modo discreto, casi casual y sin ninguna clase de estridencia publicitaria. Aquí dejo unas muestras del bello camino que discurre paralelo al Carroceu a su paso por la localidad de Llanes. Un cómodo, fresco y encantador sendero nos permite recorrer el curso del río desde el llanisco barrio del Cuetu hasta el cercano pueblo de Pancar.

Polarización plena

El cantarín rumor del agua que corre rauda en busca del Cantábrico os acompañará a lo largo de todo el trayecto.

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La exuberante vegetación y los aromas que de ella se desprenden constituyen sin duda un beneficioso bálsamo para los sentidos y el espíritu.

Polarización plena

Polarización plena

Para fotógrafos: esperé a realizar las fotografías después de un día de lluvia (nada difícil en tierras asturianas), con la intención de que hubiera algo más de caudal en el río y que la vegetación quedase con colores más saturados, reforzando todavía más el efecto con la ayuda de un filtro polarizador. Todas las imágenes están realizadas empleando trípode y cable disparador, dados los tiempos de exposición requeridos (ver el exif de cada imagen). Una experiencia sin par, de disfrute pausado de un paraje natural que nos deja como premio estas deliciosas estampas.


El Picón en la Playa de Buelna

Los hitos que constituyen ciertas formaciones rocosas singulares, generadas por la acción erosiva de las olas en la proximidad de la costa marina, constituyen sin duda un atractivo paisajístico y fotográfico de primera magnitud. En este caso y durante el curso de la pequeña investigación, que suelo realizar con la ayuda de internet para buscar localizaciones paisajístico-fotográficas interesantes en las zonas que visito, me quede prendado de esta roca, que aquí llaman “El Picón” y que preside la coqueta y serena Playa de Buelna, situada en la costa adyacente al encantador pueblo del mismo nombre. Aparcando cerca de la carretera, atravesaremos las tranquilas calles de Buelna, que como os decía bien merece una visita, para adentrarnos más adelante en el camino que desciende hasta a la playa. Tendremos que llegar muy cerca de la misma para divisar esta curiosa roca de tan evocadora fisonomía.

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Para fotógrafos: para realizar la fotografía elegí una hora con la marea relativamente baja para que resultase visible el basamento sobre el que se erige El Picón. El punto de vista se afinó desde una posición lo más elevada posible, de modo que la roca no quedase superpuesta a la línea del horizonte marino sino que todo el fondo de la imagen lo proporcionase el mar.  Se empleó un filtro polarizador para saturar los colores y un filtro de densidad neutra de diez pasos para conseguir el efecto seda en el oleaje. Se utilizó obviamente trípode y cable disparador, dado el tiempo de exposición requerido (ver el exif en la imagen). Un recorte durante el procesado permitió realzar la roca aislándola de su entorno.


Buscando líneas y color en las Playas del Sablón (Llanes) y Santa Marina (Ribadesella)

De nuevo he podido disfrutar de una pequeña estancia en este incomparable marco natural que es Asturias. Como veréis, no he malgastado la ocasión para capturar la belleza que empapa tantos de los lugares donde el viajero de ojo atento posa su mirada. La Playa del Sablón está ubicada junto a Llanes, siendo la más cercana al casco antiguo de la población. La de Santa Marina está en Ribadesella, emplazada en el estuario que el río Sella forma en su desembocadura en el Cantábrico. En ambos casos y con marea baja, podemos disfrutar contemplando las formaciones rocosas que la erosión marina ha ido generando en ambas para ser posteriormente revestidas por algas de tan vivo color. Sin llegar a poseer el esplendor y la fuerza de las líneas que podemos encontrar en la archiconocida Playa de Barrika, no dejan de merecer alguna fotografía como las que acompaño.

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Para fotógrafos: para realizar la fotografía elegí una hora con la marea baja, de modo que aflorasen las rocas. El punto de vista se ajustó en una posición lo más baja posible, de modo que la fuerza y presencia de las líneas fuese máxima y el mar quedara como un fondo que simplemente permitiera ubicarse en el paisaje.  Se empleó un filtro polarizador para saturar los colores. Hay que tener mucho cuidado con las rocas cubiertas de algas verdes pues son extraordinariamente resbaladizas.