Photoblog del entorno mediterráneo

Entradas etiquetadas como “Otoño

Otoño, casi invierno

“Fin de la estación

que en diciembre declina

inexorable”

 

 

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Otoño en el Turia

“Manto de color

que seduce y cautiva

nuestros sentidos”

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Las cuatro estaciones: un hermoso tríptico.

No rechaces tus sueños. ¿Sin la ilusión, el mundo qué sería?

Ramón De Campoamor

No tengo sueños, sino proyectos.

Karl Lagerfeld

Así como la ilusión es el motor de la vida, los proyectos son la brújula que orienta su devenir. En los últimos años he tenido la ilusión de disfrutar mejorando mi habilidad fotográfica y para ello he ido desarrollando diversos proyectos: la autodidáctica del arte, los cursos presenciales y virtuales, este mismo blog y algunas series fotográficas vienen siendo algunos de ellos.

Los proyectos fotográficos nos invitan a pensar, a imaginar, a localizar, a planear y realizar fotografías y resolver los problemas que se nos van presentando, convirtiéndose en grandes amigos y estupendos maestros, que nos hacen pasar muy buenos ratos a la par que nos ayudan a aprender.

Uno de estos proyectos fue representar las cuatro estaciones empleando como vehículo la evolución de un cultivo de árboles frutales. Por su expresividad, belleza y proximidad, elegí los melocotoneros y ya he mostrado algunas estampas en entradas anteriores. Conforme el proyecto avanzaba, realizaba ligeras modificaciones con el objetivo de obtener un cuadríptico homogéneo en formato y encuadre. Pero era un proyecto a largo plazo, pues necesitaba el paso de una estación para realizar otra serie de fotografías. Y hete aquí que un día a finales de este otoño, cuando me disponía a seguir trabajando en la mejora de las fotos de la estación, me encontré con que el campo había sido talado. A ras de suelo. Y antes de poder obtener ninguna fotografía con las ramas completamente desnudas.

Rindo aquí pues, con este tríptico, un último homenaje a mis queridos melocotoneros, que tanto me han enseñado y tan bien me lo han hecho pasar durante los dos últimos años. “Requiescat in pace”.

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La Otoñada en la Laguna de Uña

En llamas, en otoños incendiados,
arde a veces mi corazón,
puro y solo. El viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!

Octavio Paz. Otoño.

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Qué generosa es la naturaleza. Tan sólo tenemos que ir a su encuentro y ella se nos ofrece en toda su magnificencia sin pedirnos nada a cambio. Los colores, las formas, los aromas, actúan como un bálsamo para nuestro espíritu.

Una vez más se nos ha ido el verano y con él el canto de las cigarras y la canícula, dando paso a la estación serena que siempre nos sorprende con su estallido de color.

Qué bella palabra esta, otoñada, para describir el impacto que provoca la estación sobre el paisaje y el paisanaje, resultado postrero del largo y cálido estío.

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No menos hermosa es la expresión que describe la estación en mi lengua materna, el valenciano; aquí lo llamamos “tardor”, una denominación que siempre me resulta evocadora y poética, pues hace honor al carácter tardío y ciertamente melancólico del otoño.

En esta ocasión he tenido la suerte de pasar unos felices días en la Serranía de Cuenca, con una inmejorable compañía, disfrutando de paisajes como estos, que podemos encontrar junto a la bella población de Uña.

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Quizás en unos pocos días o como mucho semanas, según el capricho del viento y la lluvia, ya no queden más que ramas desnudas donde ahora refulgen los encendidos a la par que efímeros colores. ¡Cuánta belleza suelta!

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El bosque se viste de otoño

En llamas, en otoños incendiados,
arde a veces mi corazón,
puro y solo.

Octavio Paz, Otoño.

No sé que tiene la estación tardía que en valenciano denominamos con la bella expresión “la tardor”, que sus cálidas tonalidades atrapan nuestra mirada y nos regalan una cierta paz interior, como si nos transmitiesen que a pesar de los avatares y el frenesí, en realidad todo está bien, que los ciclos se repiten y la vida, tozuda y poderosa, sigue su curso inexorable.  Los ocres, naranjas y rojos nos aportan calma y sosiego en forma de colorido regalo que cada año nos ofrece con generosidad la naturaleza.

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Siempre he procurado hacer coincidir mis visitas a la Tinença de Benifassà con “la tardor”, para poder así disfrutar de sus deliciosas estampas. Hermosos ejemplares de arce, en valenciano llamados “aurons”,  tiñen de rojo áureo los paisajes.

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Siempre nos quedará el otoñal manto de hojas bajo el Faig Pare o haya padre, quizás el más colosal y bello de todos los ejemplares que constituyen uno de los hayedos más meridionales de Europa. Es éste sin duda uno de los rincones más mágicos y encantadores que conozco.

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Pequeñas estampas otoñales

Esparce octubre, al blando movimiento
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.

Juan Ramón Jiménez.

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Fotografiar significa literalmente escribir con luz. Y el otoño nos regala tintas dignas de la mejor caligrafía.

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Siempre que pensamos en imágenes otoñales, majestuosos bosques caducifolios acuden a nuestra mente. Pero lugares mucho más prosaicos y cercanos nos demuestran que la generosidad de la naturaleza es providencial y nos regala sugerentes estampas que deleitarán al ojo atento.

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Humildes viñedos y sencillos melocotoneros nos acercan hasta casa las cálidas tonalidades de la tardía estación.

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La Tinença de Benifassá

Aunque en un post anterior ya he mostrado la belleza de la comarca más interior y septentrional de la Comunidad Valenciana (https://luzmediterranea.wordpress.com/2012/03/14/el-padre-de-las-hayas/), la Tinença es un lugar cuyo encanto y magia te hechizan y dulcemente te obligan a volver una y otra vez; y no será la última. A mí me gusta especialmente el pueblo de El Boixar, donde Marisa y Ximo te atienden fabulosamente en su Casa Refugi (http://www.elboixar.net/).  A pesar de ser un enclave de pura montaña, ya se sabe que en el entorno del Mediterráneo tan sólo se necesita un día claro y una buena atalaya para disfrutar de la visión del inmenso Mare Nostrum. Parece mentira que esta imagen esté tomada tan sólo a pocos metros de la población de El Boixar.

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El paisaje quebrado tiene una fuerza difícil de transmitir mediante imágenes. Profundos barrancos flanqueados por imponentes farallones dominan el agreste y solitario paisaje.

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Especialmente en otoño, el hayedo del Retaule nos regala estupendas estampas de potente colorido.

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El rincón que ocupa el Faig Pare (El Padre de las Hayas del que ya hablé en el post anterior) constituye una auténtico santuario natural, a modo de Capilla Sixtina botánica. Puedo asegurar que su contemplación cercana provoca una admiración reverencial y más de un escalofrío nos recorre de arriba abajo el espinazo.

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Espectaculares tajos como el que constituye el Barranco del Salt nos regalan húmedos y frondosos recorridos y bellas estampas como la del Salt de Robert, que aunque con poca agua no deja de maravillarnos.

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Para finalizar una curiosa estampa del Embalse de Ulldecona que da testimonio del seco verano y que muestra toda la infraestructura que habitualmente queda oculta bajo el agua.

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