Photoblog del entorno mediterráneo

Técnica fotográfica

Albores de primavera: almendros en flor en Vall d’Alba

Bajo ese almendro florido,
todo cargado de flor
-recordé-, yo he maldecido
mi juventud sin amor.
Hoy, en mitad de la vida,
me he parado a meditar…
¡Juventud nunca vivida,
quién te volviera a soñar!

Antonio Machado (La primavera besaba).

Es bien sabido que los tránsitos de estación provocan cambios físicos y emocionales en las personas, siendo quizás el paso del invierno a la primavera uno de los más acusados en este sentido. Con cada día que pasa se incrementan las horas de luz, el ambiente se caldea, los aromas vuelven a hacerse presentes en la naturaleza, el paisaje sonoro se inunda con los ecos del afanoso trabajo de los insectos y las vistas se pueblan de mil colores con los nuevos brotes que van vistiendo las desnudas ramas de los árboles y las flores que poco a poco tapizan la tierra por doquier. Es tiempo de renacimiento para el espíritu y se siente como si una bocanada de aire fresco penetrase en unos pulmones enmohecidos por el oscuro y frío invierno que una vez más se bate en retirada.

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Es el almendro uno de los árboles que más se adelanta anunciando la proximidad del cambio, floreciendo de modo espectacular entre febrero y marzo. Por ello, muchas culturas lo han asociado simbólicamente al primer y puro amor juvenil.

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Los campos en flor evocan por igual las ya efímeras nieves invernales y la prometedora y hermosa primavera y cuando uno está entre ellos, resultan tan hermosos como ensordecedor el zumbido de las abejas que liban entre sus flores.

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Es el entorno mediterráneo un auténtico y milenario crisol de culturas y debemos agradecer a los fenicios, aquellos incansables navegantes, negociantes y aventureros, que trajesen el almendro de Asia central muchos siglos atrás, convirtiéndolo en un cultivo habitual en las orillas del Mare Nostrum.

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La Vall d´Alba y su entorno paisajístico, presidido por el mágico y colosal Peñagolosa, es uno de los enclaves donde más patente se hace el almendro en nuestra geografía y quizás sea una feliz coincidencia que el nombre de la población tanto nos evoque la blancura que la envuelve durante la floración de aquel. Un hermoso lugar para visitar y con el que disfrutar y renacer en estas fechas.

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Nota para fotógrafos: las tres primeras fotografías están realizadas empleando un filtro degradado neutro de cuatro pasos,  para de este modo igualar la luz del cielo con la de los almendros en primer plano. Además, en las tres se incorporó asimismo un filtro polarizador circular para intensificar los colores y el contraste.

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El paso del tiempo

A quienes entran en los mismos ríos, bañan siempre aguas nuevas.

Heráclito de Éfeso.

No es la primera vez que exhibo este exquisito rincón junto al Mediterráneo. Acudo al Estany de Cullera periódicamente, en inmejorable compañía y en busca de placeres gastronómicos que suelen culminar con el colofón de un último postre en forma de relajante sesión fotográfica. Un enclave como el Estany, que rezuma tanta belleza como serenidad, pide a gritos ser inmortalizado una y otra vez.

Hace algunos años que comentaba e intentaba mostrar la hermosura que transmite aquí el crepúsculo vespertino. Sin embargo, a pesar de que la estampa que obtuve me gustó y de que incluso la tengo enmarcada y expuesta en mi casa, desde entonces quiero repetirla compensando mejor la luz del cielo y de la barca, cosa que he aprendido a realizar en estos años mediante el empleo de filtros degradados de densidad neutra. Y creo que lo he logrado, como comprobará el observador atento que compare ambas fotografías.

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Pero olvidé lo que dijo el filósofo y que precede esta entrada: lo único que permanece es el cambio. Si yo he experimentado un cambio, una mejora en mi habilidad fotográfica, también la barca y el pequeño pantalán han mutado, envejeciendo con el paso del tiempo. Nadie se baña dos veces en el mismo río, porque ni el río, ni la persona, son lo mismo que eran, en ningún sentido. Cualquier fotografía es irrepetible.

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Nota para fotógrafos: las imágenes se obtuvieron empleando trípode y cable disparador para poder prolongar la exposición el tiempo necesario dada la relativamente escasa luz de la escena. Para máxima nitidez se empleó retardo de exposición y un diafragma f16. La luz del cielo se compensó con la del primer plano empleando un filtro degradado de densidad neutra de cuatro pasos.


Pinares Otoñales (Requiem por les Rodanes)

“La belleza y la muerte son dos cosas profundas, 
con tal parte de sombra y de azul que diríanse 
dos hermanas terribles a la par que fecundas, 
con el mismo secreto, con idéntico enigma.”

Victor Hugo (La Belleza y la Muerte).

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Llevaba unos meses esperando a que se dieran las condiciones atmosféricas y de luz más adecuadas para volver a Les Rodanes y poder seguir documentando fotográficamente la dramática y meteórica devastación de sus pinares. Buscaba un día con cielos azules puros y luz dorada, para de este modo resaltar el fenómeno, lo cual se produjo el pasado día de la Inmaculada.

A la vista de la anterior imagen no creo que a nadie le extrañe el título de esta entrada. La fotografía evidencia que el oxímoron está completamente justificado; de no ser porque sabemos que el pino es un árbol de hoja perenne, a primera vista creeríamos estar ante un bosque caducifolio en plena otoñada.

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A finales del verano ya mostraba en un post la tragedia medioambiental que viene ocurriendo desde hace más de un año en el Parque Natural de Les Rodanes, una de las cada vez más escasas masas boscosas de pinar que quedan en las cercanías de la ciudad de Valencia y su área metropolitana. Allí comentaba cómo una plaga de Tomicus sp. o barrenador del pino está arrasando con los pinares a los que ataca con una extraordinaria agresividad y terrorífica eficacia. Quien quiera saber más sobre el asunto no tiene más que detenerse en la Web de la Coordinadora de los Bosques del Turia y leer las explicaciones técnicas que allí sabiamente nos ofrece Luis Francisco Castillo, su Vicepresidente.

Una visita al paraje nos permite apreciar que afortunadamente no todo está afectado por igual, existiendo unas áreas más castigadas que otras. En el peor de los casos podemos encontrar estampas como esta, donde algunos ejemplares sanos sobreviven entre numerosos cadáveres.

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Y para quien se piense que el plano anterior está intencionadamente sesgado, no hay más que abrirlo un poco para constatar la auténtica magnitud de la tragedia.

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En algunas zonas el panorama es ciertamente dantesco y si nos queda la duda de si los árboles afectados tienen alguna posibilidad de recuperación, sólo tenemos que acercarnos a uno y comprobar que cualquiera de sus ramas está completamente seca, mostrándose tan quebradiza como el cristal.

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Sin embargo, hay que reconocer que hasta en un escenario como este podemos encontrar belleza, como en este valle que fotografié a contraluz y donde se entremezclan los rojos y los verdes como si de un bosque otoñal se tratase.

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Llegado a este punto, creo que podemos entonar sin duda el Requiem por Les Rodanes, pues al menos en un elevado porcentaje, su pinar va a desparecer sin remisión.

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Parece como si el bosque quisiera unirse a nosotros y elevar una callada plegaria hacia el cielo manifestando su impotencia ante la enfermedad que parece.

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Sólo nos resta acompañarlo amorosamente y devolverle algo del cariño con el que tan generosamente nos ha tratado durante toda nuestra vida.

Quien nos iba a decir, hace tan sólo un par de años, que a comienzos de 2015 estaríamos huérfanos de la Sierra Perenchiza, que sucumbió presa de las llamas y de la Sierra de Les Rodanes, que lo está haciendo víctima de un pequeño insecto. Descansen en paz.

Nota para fotógrafos.

Realicé las imágenes un día con viento de poniente, que aquí suele dejar los cielos muy azules y nubes con interesantes formas. El azul del cielo contrasta muy bien con los ocres y rojos de las pinadas afectadas, resaltándolas. Además, las fotografías se tomaron a primera hora de la mañana con el sol a menos de 20º del horizonte, momento que se conoce como hora dorada y que también ayuda a destacar los tonos cálidos. Para reforzar aún más lo anterior, empleé un filtro polarizador. Aunque algunas imágenes parezcan algo repetitivas, con ello pretendo mostrar la importancia de la focal y el encuadre a la hora de realizarlas, mostrando que pequeñas variaciones en ambos parámetros pueden traducirse en importantes diferencias en el resultado final.

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La Playa de la Huelga en Villahormes: el Castro de las Gaviotas

Como decía al principio de una entrada anterior, donde hablaba de la Playa de Buelna, de todos es sabido que los hitos que constituyen ciertas formaciones rocosas singulares, generadas por la acción erosiva de las olas en la proximidad de la costa marina, constituyen sin duda un atractivo paisajístico y fotográfico de primera magnitud. La costa asturiana es generosa en ellos y especialmente algunas de las playas ubicadas en Llanes y sus inmediaciones. En mi anterior visita a Asturias tuve ocasión de fotografiar las colosales formaciones rocosas de la Playa de Cuevas del Mar, pero me quedé con las ganas de hacer lo mismo con el Castro de las Gaviotas, en la Playa de la Huelga junto a la localidad de Villahormes, hito este último cuyo mirador confieso que fui incapaz de encontrar en aquella ocasión.

En mi reciente visita y con ganas renovadas, volví a intentarlo y aunque en una primera tentativa tan sólo logré alcanzar de nuevo la ubicación incorrecta de la visita anterior, situada demasiado al oeste para admirar el Castro en todo su esplendor, finalmente y tras insistir probando algunos caminos, logré acceder al lugar donde el Castro despliega toda su magnificencia. Para llegar hasta él, conviene dejar el coche en Villahormes, antes de llegar al camino que lleva a la Playa de la Huelga (recomiendo dejarlo bajo la autovía). En corto y agradable paseo, tomaremos la pista agrícola que lleva hacia la playa, dejando primero a la izquierda el Palacio de la Espriella para más adelante pasar junto a la ermita de Santa Eulalia y los verdes pastos que la rodean. Un poco más adelante, justo después de una pequeña explanada, el camino se bifurca. Si seguís a la izquierda, hacia el oeste, llegaréis a la recoleta y angosta Playa de la Huelga, que coincide con la desembocadura del río San Cecilio. Pero si en la bifurcación seguís el camino de la derecha, en dirección al mar, en unos doscientos metros alcanzaréis la Punta de Huelga, donde se alza el acantilado desde donde se nos revela majestuoso el Castro de las Gaviotas: os puedo asegurar que el síndrome de Stendhal os afectará con toda su crudeza ante la vista de este coloso de roca, auténtico arco del triunfo de la fuerza de las olas sobre la terquedad de la piedra.

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Os acompaño una instantánea de la vista general para que la comparéis con varias fotografías más trabajadas y cuya realización explico al final para los interesados en los detalles. Ante tanta riqueza visual, las posibilidades de composición se multiplican por lo que fui incapaz de conformarme con un único encuadre. Incluso no me he resistido a una versión en blanco y negro. Cada uno que elija la que más le guste.

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Para fotógrafos: esperé a realizar la fotografía durante una mañana ligeramente nubosa (nada difícil en tierras asturianas), que me proporcionase suficiente luz difusa, con la intención de que la diferencia de iluminación entre el Castro y el cielo no superase el rango dinámico de la cámara. Además elegí una hora con la marea relativamente baja para que fuesen visibles los “sillares” que mantienen erguido al Castro. La Punta de Huelga es muy escarpada (precaución) y no permite muchas variaciones del punto de vista. No obstante se afinó este último para conseguir aislar el Castro, de modo que no quedase superpuesto a la línea de costa.  Se empleó un filtro polarizador para saturar los colores y un filtro de densidad neutra de diez pasos para conseguir el efecto seda en el oleaje. Se utilizó obviamente trípode y cable disparador, dado el tiempo de exposición requerido (ver el exif en la imagen). Una experiencia realmente singular (“stendhalica”), de deleite sobrecogedor ante un fenómeno natural que nos deja como premio estas majestuosas estampas.


El nacimiento del río Cabra

A tan sólo veinte kilómetros al sur de la costera y asturiana ciudad de Llanes, entre la Sierra del Cuera y la Sierra Plana de la Borbolla , podemos encontrar el Valle Oscuru (Valle de Carranzo) y la bien acondicionada y señalizada “Ruta de los colores del Valle Oscuru”, que podemos realizar bien a pie o, si estamos muy en forma, en bicicleta de montaña. Es una hermosa ruta circular de unos trece kilómetros de recorrido con inicio y final en la población de Tresgrandas, que discurre atravesando las localidades de Santa Eulalia, Pie de la Sierra, Cereceu, La Borbolla y Boquerizu. El recorrido nos lleva a través de bellos y variopintos parajes: pueblos con encanto, frondosos bosques y altos con preciosas vistas harán las delicias del viajero. Pero cabe destacar, como auténtico tesoro de la ruta, el nacimiento del río Cabra, que encontraremos nada más pasar La Borbolla en un ramal bien señalizado que desciende a mano derecha del camino principal y que se interna en un tupido bosque cada vez más umbrío y húmedo hasta alcanzar la auténtica surgencia del río en la misma pared de la montaña.

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Es uno de esos mágicos lugares donde el caminante se siente embelesado, casi diría que hechizado por el frescor, el verdor y el hipnótico arrullo del agua del manantial, que adormecen la consciencia y hacen que una hora pase en un parpadeo. Una visita imprescindible.

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Para fotógrafos: El punto de vista se ajustó en una posición lo más baja posible y cercana al flujo del agua, de modo que la sensación de corriente fuese máxima.  Las imágenes están realizadas empleando trípode y cable disparador, dados los tiempos de exposición requeridos (ver el exif de cada imagen). Se empleó un filtro polarizador para saturar los colores y eliminar reflejos en el agua. Hay que tener mucho cuidado con las rocas cubiertas de algas verdes pues son extraordinariamente resbaladizas. Una experiencia única, de disfrute pausado de un paraje natural que nos deja como premio estas deliciosas estampas.


La senda fluvial de río Carroceu a su paso por Llanes

Un año más he disfrutado de unos días de descanso en este incomparable paraíso natural que es Asturias. Y claro, no he desaprovechado la oportunidad para intentar capturar algo de la belleza que inunda tantos de los rincones donde el viajero posa su mirada. Para muestra un botón: casi sin querer, descubrí este pequeño tesoro que constituye la senda fluvial del río Carroceu. Como muchas de las cosas que son realmente valiosas, se nos ofrece de modo discreto, casi casual y sin ninguna clase de estridencia publicitaria. Aquí dejo unas muestras del bello camino que discurre paralelo al Carroceu a su paso por la localidad de Llanes. Un cómodo, fresco y encantador sendero nos permite recorrer el curso del río desde el llanisco barrio del Cuetu hasta el cercano pueblo de Pancar.

Polarización plena

El cantarín rumor del agua que corre rauda en busca del Cantábrico os acompañará a lo largo de todo el trayecto.

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La exuberante vegetación y los aromas que de ella se desprenden constituyen sin duda un beneficioso bálsamo para los sentidos y el espíritu.

Polarización plena

Polarización plena

Para fotógrafos: esperé a realizar las fotografías después de un día de lluvia (nada difícil en tierras asturianas), con la intención de que hubiera algo más de caudal en el río y que la vegetación quedase con colores más saturados, reforzando todavía más el efecto con la ayuda de un filtro polarizador. Todas las imágenes están realizadas empleando trípode y cable disparador, dados los tiempos de exposición requeridos (ver el exif de cada imagen). Una experiencia sin par, de disfrute pausado de un paraje natural que nos deja como premio estas deliciosas estampas.


El Picón en la Playa de Buelna

Los hitos que constituyen ciertas formaciones rocosas singulares, generadas por la acción erosiva de las olas en la proximidad de la costa marina, constituyen sin duda un atractivo paisajístico y fotográfico de primera magnitud. En este caso y durante el curso de la pequeña investigación, que suelo realizar con la ayuda de internet para buscar localizaciones paisajístico-fotográficas interesantes en las zonas que visito, me quede prendado de esta roca, que aquí llaman “El Picón” y que preside la coqueta y serena Playa de Buelna, situada en la costa adyacente al encantador pueblo del mismo nombre. Aparcando cerca de la carretera, atravesaremos las tranquilas calles de Buelna, que como os decía bien merece una visita, para adentrarnos más adelante en el camino que desciende hasta a la playa. Tendremos que llegar muy cerca de la misma para divisar esta curiosa roca de tan evocadora fisonomía.

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Para fotógrafos: para realizar la fotografía elegí una hora con la marea relativamente baja para que resultase visible el basamento sobre el que se erige El Picón. El punto de vista se afinó desde una posición lo más elevada posible, de modo que la roca no quedase superpuesta a la línea del horizonte marino sino que todo el fondo de la imagen lo proporcionase el mar.  Se empleó un filtro polarizador para saturar los colores y un filtro de densidad neutra de diez pasos para conseguir el efecto seda en el oleaje. Se utilizó obviamente trípode y cable disparador, dado el tiempo de exposición requerido (ver el exif en la imagen). Un recorte durante el procesado permitió realzar la roca aislándola de su entorno.